Psicoterapia

Psicoterapia

Un espacio en el que puedes expresarte sin temor a ser juzgado, comprender lo que hoy te ocurre y aprender formas distintas de actuar.

La terapia puede ayudarnos a observar cosas que antes no veíamos, desarrollar nuevas formas de resolver conflictos y cuestionar maneras de responder que quizá fueron útiles en otro momento de nuestra vida, pero que hoy ya no nos ayudan de la misma manera.

Un espacio para comprender, reconstruir y cambiar

Para mí, la terapia es un espacio en el que puedes hablar sin temor a ser enjuiciado o criticado. Pero no se queda solamente en expresar lo que sentimos: buscamos comprender lo que ocurre, encontrar alternativas y aprender a responder de formas diferentes.

No estamos destinados a repetir indefinidamente los errores o patrones del pasado. Podemos generar cambios. Muchas formas de actuar aparecieron porque alguna vez resultaron útiles para adaptarnos a determinadas circunstancias; el problema es que algunas de ellas pueden volverse obsoletas cuando nuestro contexto cambia.

Actualizar nuestras formas de responder

Parte del proceso terapéutico consiste en preguntarnos si las estrategias que utilizamos actualmente siguen funcionando para la vida que tenemos hoy.

A veces no necesitamos negar nuestra historia ni luchar contra ella; necesitamos reconocer qué aprendimos, entender por qué actuamos como lo hacemos y desarrollar respuestas más acordes con nuestras circunstancias actuales.

Algunos temas que trabajo

Cada caso es diferente. Estos son algunos de los motivos y experiencias que aparecen con frecuencia en los procesos que acompaño.

Ansiedad y temores

Ansiedad en sus distintas manifestaciones, preocupaciones persistentes, temores y situaciones en las que la intensidad emocional comienza a interferir con la vida cotidiana.

Tristeza y adaptación

Periodos de tristeza profunda, dificultades para adaptarse a cambios importantes y momentos en los que resulta complicado recuperar dirección o bienestar.

Duelo y pérdida

Acompañamiento durante procesos de duelo, pérdidas significativas y cambios vitales que requieren reorganizar nuestra manera de vivir.

Emociones difíciles

Enojo, culpa, vergüenza, celos y otras emociones que pueden convertirse en un obstáculo cuando su intensidad o la manera de responder a ellas comienzan a generar consecuencias importantes.

Relaciones y límites

Comunicación, establecimiento de límites, fortalecimiento de relaciones y desarrollo de formas más claras de expresar necesidades y negociar.

Conflictos de pareja

Dificultades de comunicación, acuerdos, decisiones sobre la continuidad de la relación y procesos de separación cuando esa es la decisión de la pareja.

Mi estilo de trabajo

Directo y confrontativo

Cuando considero que puede ser útil, señalo contradicciones, patrones o formas de actuar que vale la pena revisar. La confrontación no busca juzgar, sino hacer visibles elementos que pueden estar dificultando el cambio.

Flexible

Aunque trabajo con objetivos y una estructura clínica, no todas las sesiones necesitan funcionar de la misma manera. Hay momentos en los que una persona necesita detenerse, narrar ampliamente una experiencia o simplemente organizar lo que está viviendo.

Sin perder el objetivo

Podemos adaptar el ritmo y la dinámica de la sesión sin perder de vista para qué estamos trabajando. La estructura sirve al proceso; el proceso no debería quedar atrapado en la estructura.

Tres grandes momentos del proceso

Aunque cada terapia tiene su propio ritmo, generalmente organizo el proceso en tres grandes etapas: evaluación, tratamiento y cierre.

1

Evaluación

Las primeras sesiones se enfocan en comprender las problemáticas presentes y construir un análisis funcional del comportamiento: identificar qué ocurre, en qué contexto, qué consecuencias tiene y qué elementos pueden estar manteniendo el problema.

2

Tratamiento

A partir de lo observado se desarrollan intervenciones más específicas. Desde los primeros encuentros procuro que el consultante pueda llevarse alguna idea, estrategia o nueva perspectiva que le permita comenzar a atender el problema de una forma diferente.

3

Cierre

Cuando los avances comienzan a consolidarse, revisamos juntos la posibilidad de espaciar las sesiones para que exista mayor tiempo de práctica autónoma hasta que el proceso pueda concluir.

Tu participación importa

Uno de los elementos más importantes es que la persona quiera estar en el proceso. Cuando existe una necesidad propia de comprender, revisar o modificar algo, contamos con una base mucho más sólida para trabajar.

Cambiar puede representar un reto considerable. Reconocer ciertas formas de actuar no siempre es sencillo y hacer algo diferente puede resultar todavía más difícil.

Cuando trabajamos en pareja

En terapia de pareja no buscamos construir villanos ni decidir quién tiene la razón. Buscamos generar acuerdos, practicar su cumplimiento y desarrollar formas de negociación dentro de una dinámica de respeto para todas las personas involucradas.

Si ambos desean salvaguardar la relación, trabajamos activamente hacia ese objetivo. Cuando existe incertidumbre sobre continuar o separarse, buscamos generar mayor conciencia sobre lo que cada persona siente, necesita y desea construir a corto, mediano y largo plazo.

Y cuando la decisión es separarse, el trabajo puede orientarse a negociar y atravesar ese momento de pérdida procurando reducir, en la medida de lo posible, el daño innecesario y facilitar la reorganización de la vida.

Trabajo con personas, no únicamente con etiquetas

El diagnóstico, cuando resulta relevante, puede aportar información útil. Sin embargo, mi trabajo no busca reducir a una persona a una etiqueta o a una categoría clínica.

Me interesa comprender cómo interactúa con su ambiente, qué significado tienen sus respuestas, qué factores mantienen el problema y qué alternativas pueden favorecer mayor bienestar.

Mi función es utilizar la evaluación, la observación clínica y las herramientas terapéuticas para construir una comprensión útil del caso, manteniendo siempre en el centro a la persona y a su contexto.

Jorge Arturo Covarrubias trabajando y tomando notas durante su práctica clínica

¿Cómo sabemos si estamos avanzando?

Desde el inicio intento transformar objetivos abstractos en elementos que podamos observar y revisar. También utilizamos marcadores subjetivos de malestar: cómo vive la persona aquello que estamos trabajando, qué intensidad tiene, qué situaciones han cambiado y qué cosas puede hacer ahora que antes resultaban más difíciles.

Yo puedo observar cambios en el afecto, en la narrativa o en la manera de afrontar determinadas situaciones, pero quien finalmente puede definir qué tan significativo es un cambio es la propia persona que lo está viviendo.

El objetivo no es permanecer indefinidamente en terapia

Conforme los cambios se consolidan, ponemos los avances sobre la mesa y evaluamos si tiene sentido modificar la frecuencia de las sesiones.

Espaciar los encuentros permite que exista más tiempo para practicar, experimentar y utilizar de manera independiente aquello que se ha trabajado. La intención es que las herramientas puedan integrarse a la vida del consultante y que el proceso deje de ser necesario cuando ha cumplido su función.

La terapia es una herramienta

Mi función es acompañarte y aportar recursos para comprender y atender una situación determinada. No decidir por ti, sino ayudarte a encontrar formas de responder que se acerquen más al bienestar que quieres construir.

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